lunes, 28 de febrero de 2011

POESÍAS - DE MI COLECCIÓN





       AMOR, ¡AMARGO AMOR!

Amor ¡ amargo amor! Llamas de nuevo
en este corazón que ayer fue tuyo;
mas contra ti, como coraza llevo
la luciente armadura de mi orgullo.

Quise dejarte mi sangre, gota a gota;
vivir, soñar y combatir por ella;
y me azoto, como el señor que azota
al perro humilde que lamió su huella.

Alce entonces del polvo mi cabeza.
la deje que siguiera su camino;
y abriendo mi valija de tristeza
me puse a traficar con el destino.

Marque alegrías y pagué  dolores
en el amparo de propicia sombra;
allí, bajo los pies de otros amores,
tendí mi juventud como una alfombra.

Hoy, cuando ya queme todo mi incienso
y no hay en mi heredad rosas y espinas,
déjame a solas con mi tedio inmenso:
Amor, ¡ amargo amor!, No me persigas.

No me arrebates la quietud inerte,
la trágica quietud  en que yo vivo.
quiero seguir viajando hacia la muerte,
lloroso y taciturno, pero altivo.

         Francisco Rodriguez Moya

martes, 22 de febrero de 2011

POESÍAS - DE MI COLECCIÓN


             SIMPLICIDAD

Es tan humano este dolor que siento,
esta raíz sin tallo florecido.
este recuerdo anclado al pensamiento
y por toda la sangre repetido.

Que ya ni me fatiga el vencimiento,
ni me sangra el orgullo escarnecido.
Mi corazón se acostumbro al tormento
de perder la mitad de su latido.

Ya mi rencor no exige la venganza,
aprendí a perdonar toda esperanza
como un bello pecado original.

Llevo en las manos tantas despedidas
y en lo que fue el amor tantas heridas,
que me he tornado un hombre elemental.

                     Jorge Robledo Ortíz 


miércoles, 16 de febrero de 2011

POESÍAS DE MI COLECCIÓN

                SIEMPRE TU


Entre el mínimo incendio de la rosa
y la máxima ausencia del lucero
se quedó tu recuerdo prisionero
viviendo en cada ser y en cada cosa.


Te recuerdo en la cita milagrosa
que se dan la mañana y el jilguero,
y en el aire, traslúcido tablero
donde escribe en color la mariposa.


Todo me habla de ti. Sobre la brisa
persiste la nostalgia de tu risa
como una dulce música remota.


En los labios tu nombre me florece,
y al saberte lejana me parece
que me bebo tu ausencia gota a gota.


                     Jorge Robledo Ortiz

lunes, 7 de febrero de 2011

POESÍAS - DE MI COLECCIÓN

       ESTADOS DE ANIMO


                         I


Todo pasó en mi ser; cada momento
me encuentra en el dolor crucificado;
no hay nada que esperar, todo ha pasado:
el placer, y el amor, y el sentimiento.


He amado tanto y con tan cruel tormento;
en la vida mi ser tanto ha luchado
que a veces siento el corazón cansado
y lleno de pereza el pensamiento.


Subir hasta la cumbre soñé un día,
desgajar un laurel para mio frente,
del árbol que en la altura se mecía;


pero todo fue un sueño y, tristemente,
hoy me siento morir calladamente,
en tu oscura prisión, melancolía.


                         II


No, ¡corazón!, despierta que es la hora,
levántate triunfal de la caída
que si es roja la sangre de tu herida,
es más roja la luz que arde en la aurora.


Si amaste mucho y a tu fe, traidora
te hirió en la sombra la implacable vida,
no taló aquella planta florecida
que crece en tu jardín perfumadora.


Aún hay sangre caliente y luminosa
que canta entre tus venas la energía;
aún esplende la estrella luminosa


que anuncia la llegada de otro día;
si eres astro, destella en tu agonía;
si eres ave, no mueras como rosa.


                         José María Ospina

viernes, 4 de febrero de 2011

POESÍAS - DE MI COLECCIÓN

                   Indomable


No te des por vencido, ni aun vencido;
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo;
y arremete feroz, ya mal herido.


Ten el tesón del clavo enmohecido,
que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amina su plumaje al primer ruido.


Procede como Dios que nunca llora,
o como lucifer que nunca reza,
o como el robledal cuya grandeza
necesita del agua y no la implora.


¡Que muerda y vocifere vengadora
ya rodando en el polvo tu cabeza!


                                                José Bonifacio Palacios