martes, 21 de junio de 2011

POESÍAS - DE MI COLECCIÓN

                    DESEO

Morir, y que mi cuerpo en el momento
sea por viva llama consumido;
y que luego, en cenizas convertido
me lleve lejos en su fuga el viento.

Y que ese polvo débil y sangriento
vague por los caminos del olvido;
se pose en el regazo  de algún nido
o en cáliz de flor, como un aliento.

Para que los impúdicos gusanos
no hagan de mí su carnaval grosero
y de mi corazón coman ufanos.

En fin, critique el mundo, mas no quiero
que al pasar por mi tumba los humanos
digan: “yace aquí tal, fue bueno, pero...”     
                            
                                 Eduardo Botero Mejía

viernes, 10 de junio de 2011

POESÍAS - DE MI COLECCIÓN

                 Ingratitud 


Complicaciones arduas del corazón humano
misterios insondables de la naturaleza,
la vida es un problema, la vida es un arcano
y por doquier agitan su vuelo soberano
dos aves de rapiña: La muerte y la tristeza.

Olvidos, desengaños, desilusiones crueles

Incomprensibles almas, emponzoñados senos,
por todas partes luchas, por todas partes hieles,
vasos en cuyos bordes hay delicadas mieles
y en cuyos fondos, hay llanto, acíbar y veneno.

Yo todo lo perdono con voluntad de acero
apuro hasta las heces mi vaso de acritud,
más perdonar no puede mi corazón sincero
a un monstruo abominable, aterrador y fiero
que habita entre los hombres y se llama INGRATITUD.

Perdono al envidioso y al que con lengua insana
reputaciones hiere, virtudes y honras trunca,
perdono en sus mil formas la perfidia humana,
perdono al que se vende como una cortesana
perdono al asesino, pero al ingrato nunca.

Porque el ingrato encierra del crimen la simiente
y todas las negruras entre su corazón,
entre sus venas lleva veneno de serpiente,
ataca por la espalda...  pero jamas de frente,
recibe un bien y en cambio devuelve una traición.

La ingratitud es sombra, la ingratitud sin duda
es el mayor pecado de todos lo pecados,
es de todas las armas el arma más aguda
es una vieja escuálida de faz torva y ceñuda
que tiene por vivienda los pechos depravados.

Ayer en un recodo del áspero camino,
que cruza mi existencia con gran resignación,
hallé tendido y débil a un pobre peregrino,
solícito y amable le di a beber mi vino,
le di mi franca mano, después mi corazón.


Con ardoroso empeño calmé su sed ardiente,
cubrí sus desnudeces de mísero gitano,
ungí todas sus llagas y cuidadosamente,
sequé con mi pañuelo su sudorosa frente,
como si se tratara de mi mejor hermano.

Más tarde los caprichos de la voluble suerte
cubrieron mi camino de zarzas y dolor,
me hallé sobre la senda tendido, mustio, inerte,
como si las caricias de un hálito de muerte,
sobre mi sien posaran su gélido sopor.

También fui peregrino, fatigas y asperezas
como voraces cuervos rondaron a mi ser,
cubriose mi existencia de incógnitas tristezas,
y solamente nubes, abrojos y malezas, 
mis enturbiados ojos hallaron por doquier.

Y tuve sed y frío, pero ninguna mano
me dio a beber su copa, ninguna mano amiga
cubrió mis desnudeces de mísero gitano,
ninguna quiso entonces sacarme del pantano,
y hacer menos pesada la cruz de mi fatiga.

Y aquél a quien un día mi mano compasiva
cubrió de beneficios, sirviole de sostén,
pasó por mi sendero con  actitud altiva,
cubierto de riqueza y de oropeles iba,
y al verme hizo una mueca de orgullo y de desdén.

Siguió tranquilo y firme sin recordar acaso,
que un día estuvo con hambre y sin abrigo,
sin recordar que un día fui luz para su ocaso,
para sus labios fuente, para su sol regazo,
y para sus tristezas el más ingenuo amigo.

Por eso resignado, humilde y sin encono,
apuro hasta las heces mi vaso de acritud,
en brazos del destino sereno me abandono,
perdono todo, todo, pero jamas perdono
al rey de los delitos, al monstruo INGRATITUD.
                           Francisco Restrepo Gómez
                                                 Atribuida también a
                                   Ismael Enrique Arciniegas